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Jun
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Flotando con Lartigue (I)

Esta semana finaliza una de las mejores exposiciones de fotografía que vamos a poder contemplar en 2011: “Un mundo flotante. Fotografías de Jacques Henri Lartigue (1894/1986)”, en el CaixaForum de Madrid. Y aprovechando esta circunstancia, voy a hacer un repaso de la vida y obra de este genial fotógrafo, que ha supuesto todo un descubrimiento para mí a raíz de esta muestra.

Para ello, hoy me detendré un poco en su vida y las características de su fotografía, y mañana podremos ver las imágenes más conocidas de este “mago del instante”. No en vano, Lartigue es considerado uno de los grandes maestros del siglo XX.

JACQUES HENRI LARTIGUE (1894-1986)

No cabe ninguna duda de que Jacques Henri Lartigue ocupa un lugar muy especial en la historia de la fotografía. Sus imágenes tienen algo especial que revela la extraordinaria sensibilidad del artista y que no dejan indiferente al que las contempla.

Nacido en 1894 en Courbevoie, cerca de París, en el seno de una familia de industriales, tuvo la suerte de crecer en un ambiente acomodado, con acceso a la nueva forma de vida que surgió en las primeras décadas del siglo XX, en que las mujeres asumieron un papel activo en la sociedad y el progreso tecnológico dio lugar a nuevas formas de ocio.

Lartigue estuvo durante toda su vida fotografiando (desde que su padre le regalara su primera cámara, a los 8 años, hasta su muerte con 92), y aún así en todo momento se consideró a sí mismo como un aficionado, que siempre tuvo la pintura como su principal pasión y la fotografía como una dedicación secundaria.

Su obra fue descubierta de forma tardía y fortuita en 1963 (cuando tenía 69 años) por John Szarkowski (entonces conservador de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York). Gracias a él, obtuvo proyección internacional y pudo dar a conocer sus fotografías en muchos países, entre ellos Francia. Esa fama hizo que en 1974 el presidente de la República Francesa, Valéry Giscard d’Estaing, le invitase a realizar su retrato oficial. La sólida amistad surgida entre ambos condujo a Lartigue, en 1979, a donar en vida la integridad de su obra al Estado francés (negativos y álbumes originales), estando hoy a cargo de la Donation Jacques Henri Lartigue.

Lartigue murió el 12 de septiembre de 1986 en Niza, a los 92 años, dejando una ingente cantidad de fotografías y materiales que nos permiten reconstruir, no sólo su vida privada, sino también la forma de vivir en una época que desapareció para siempre: la burguesía francesa de principios del siglo XX.

LA FELICIDAD COMO CENTRO DE TODO

Si algo caracteriza a la fotografía de Lartigue es la búsqueda constante de la felicidad como el eje fundamental de toda su vida y su obra.

A pesar de la época que le tocó vivir (dos Guerras Mundiales, la Guerra Civil española, la Revolución rusa o la ocupación de Francia por los nazis), Lartigue nunca fotografió escenas bélicas o desastres, siempre capturó instantáneas de una vida bucólica, despreocupada.

Asimismo, los drásticos cambios producidos en el mundo del arte durante el siglo XX no tuvieron influencia en él, y por ello, aun considerándose principalmente un pintor, el desarrollo de corrientes pictóricas como el cubismo o el surrealismo son ajenas a su obra.

Soportes donde retener la felicidad

Desde muy pronto, Lartigue se dio cuenta de que mediante la escritura podía reconstruir y retener la felicidad, anotando todos los aspectos de su vida que le hacían sentir bien, por muy triviales que pudieran parecer. Para ello, empleó distintos soportes a lo largo de los años: desde pequeños pedazos de papel garabateados, hasta cuadernos enteros con títulos evocadores, como “Cuaderno de mis sueños” o “Razones por las que soy tan feliz”.

A partir de 1911 decide llevar una agenda, en la que anota y dibuja el tiempo que hace, apunta las actividades que ocupan su tiempo y señala algunas impresiones. También dibuja de memoria, antes de revelarlas, las fotografías tomadas durante el día, y al final de la página valora la calidad de la jornada, puntuándola de 1 a 10.

Paralelamente a estos diarios, Lartigue se dedica desde muy pronto a organizar y clasificar sus imágenes en grandes álbumes. Los llena de fotografías hechas por él mismo u otras que adquiere como coleccionista. En total, han llegado a nuestros días un total de 14.423 páginas con un formato de 52 × 36 cm, agrupadas en 130 volúmenes, que nos dan un testimonio excepcional de su vida o, por lo menos, de la huella que quiso dejar.

Procedimientos empleados

Entre las técnicas que usó Lartigue, destacan principalmente la estereoscopia y el autocromo.

El estereoscopio fue presentado en Londres por Sir David Brewster en el año 1851, con motivo de la Exposición Universal. Tuvo un gran éxito, debido a que sus dos lentes permitían obtener imágenes con sensación de relieve.

En 1902, el padre de Lartigue, que era un gran aficionado a la fotografía, regala a su hijo una cámara estereoscópica Spido Gaumont de placas de vidrio de formato 6 × 13. Con ella, un maravillado Lartigue, con tan sólo 8 años, descubre que, no sólo puede representar la realidad, sino también captar el movimiento. Se dedica entonces a realizar fotografías de todo lo que le rodea y a montarlas en secuencias en un cuaderno escolar, escribiendo cuidadosamente sus leyendas. En total, entre 1902 y 1928 realizó cerca de 5.000 negativos estereoscópicos.

Al mismo tiempo, a partir de 1912 Lartigue descubre los procedimientos de la fotografía en color. Su Klapp Nettel estereoscópica de 6 × 13 cm le permite también realizar vistas panorámicas replegando uno de los objetivos, obteniendo así sus primeras placas autocromas.

Esta técnica irá desplazando poco a poco a la estereoscopia, aunque sólo temporalmente: Lartigue se da cuenta de que mediante el autocromo no puede captar el movimiento, y a partir de 1927 deja de emplear esta técnica, a pesar de la fascinación que siente por el color. De esta etapa, se conservan unos 80 autocromos del artista.

“La gente dice: “no creo lo que ven mis ojos”. Por mi parte, yo les creo siempre, a mis ojos. Sólo que hay algunos días en que me asombran demasiado”.

Jacques Henri Lartigue (cuando tenía 15 años)

No te pierdas la entrada de mañana, en la que repasaremos la obra de este genial fotógrafo y disfrutaremos de sus mejores instantáneas. ¡Te espero!


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